lunes, 10 de abril de 2017

Vivir a dos escalas: un altillo para organizar su casa

No siempre un altillo es un elemento anecdótico en una vivienda. No tiene por qué convertirse en espacio de almacenaje, ni de uso secundario, y sobre todo, no debe quedar comprometida la altura de las estancias. El estudio de arquitectura Räs, nos sorprende de nuevo con esta reforma de la última planta de un tradicional edificio barcelonés, donde muestran sus talentos, aplicando la lógica, destreza y sensibilidad de un amante del espacio bien aprovechado. Y bien holgado además.

Fotografía: Adrià Goula
Más alto, más amplio
La vivienda, de aspecto originalmente inerte, guardaba una serie de sorpresas. Con un esquema estrecho y alargado, el antiguo falso techo escondía una completa segunda altura albergada bajo los faldones de la cubierta a dos aguas. Tras la eliminación de los elementos innecesarios y carentes de valor, el nuevo espacio interior contaba con una nueva y generosa altura libre que manejar cómodamente. La intervención toma entonces la zona central, y divide la altura mediante un un trazo horizontal, materializado en un altillo. Este gesto comprime el espacio central, al tiempo que libera los volúmenes laterales, en los que se aprecia la caída de los faldones de la cubierta hacia la fachada.
Espacios fluídos y ambiente cercano
El nuevo forjado de viguetas metálicas y bóveda catalana define un recinto bajo el que se aloja el programa húmedo. El espacio evita la compartimentación, insistiendo en la conexión visual de extremo a extremo de la vivienda, y ligando perceptivamente ambas fachadas. La luz natural penetra hacia el interior, y se encuentra con el alicatado central en cerámica esmaltada, que actúa de superficie reflectante. Las tres tonalidades de materiales, oscuros, blancos y tonos caldera de las bovedillas nos acompañan por todo el interior, en una composición armónica de contrastes, mostrando siempre la naturaleza del material.
La cocina se proyecta con mobiliario blanco lacado, de corte limpio y diseño sencillo, con una magnífica pieza de encimera de mármol blanco.
Juego de materiales bajo la luz
El espacio principal queda entonces caracterizado por una gran holgura a lo largo del perímetro, y una altura fuera de lo común, que hace de la estancia un lugar especial. Se conservan las vigas antiguas y la textura del ladrillo del muro estructural, respetando el recuerdo de la tradición constructiva del edificio. La envolvente se pinta de blanco, enmarcando el suelo de terrazo negro, que cubre por completo la superficie, unificando estancias. Las carpinterías de madera, confieren al interior un carácter más humilde y cálido, suavizando el conjunto de acabados.
Espacio y alternativa
Hacia el otro extremo de la vivienda, encontramos un segundo espacio a doble altura, con esquema abierto e infinitas posibilidades. El lenguaje formal y material es el mismo, y también aquí, la vista recorre el perímetro de lado a lado, y de arriba abajo. Una puerta corredera ofrece la posibilidad de independizar la estancia, que por defecto se encuentra en continuidad con el resto del espacio de planta baja.
Estancia total
También bajo el forjado del altillo se esconde el baño. Concebido como una estancia de decisiones absolutas, la baldosa de terrazo avanza con decisión por los planos verticales, cubriendo paredes y dando forma al mobiliario. Un espejo de junta invisible y la mampara de ducha de vidrio son los únicos elementos reconocibles en un interior sencillo, pero con carácter.
Ligereza y transparencia
La escalera adquiere su forma con una pieza de chapa plegada de acero con pequeñas perforaciones que suman livianidad a la pieza y permiten que la luz natural atraviese la estancia. Unas carpinterías de perfil metálico soportan los paneles de vidrio translúcido que encierran el dormitorio de manera permeable, permitiendo que la claridad ascienda a la planta superior.
Sueños sobre blanco
Es en el dormitorio donde de verdad se aprecia la direccionalidad de la cubierta. Con una altura libre ligeramente menor que la convencional, la estancia adquiere un carácter íntimo y recogido, a pesar de su transparencia y claridad. El negro de la baldosa de suelo dialoga con el metal de barandilla y mobiliario, y el blanco de paredes y techos nos muestra la textura del ladrillo y la madera de las vigas, sin interrumpir la uniformidad de la envolvente.

Para más información visiten: Räs Studio
Vía: habitissimo