jueves, 26 de noviembre de 2015

Restaurante Foxos. La reinterpretación brillante de una Galicia industrial y rural.


Que quede claro. Cuando uno entra en Foxos de Llúria, en Barcelona, no está teletransportándose a la típica taberna gallega. Cierto que cada parte del local representa un aspecto de esta región: la vertiente más hogareña, la industrial, el campo… pero todo bajo una estética actual y muy brillante. Brillante, de brillo y también de acierto.

El estudio de diseño y arquitectura Carlos Martínez Interiors ha sido el encargado de darle un aire moderno a un concepto tradicional. De hecho se mimetiza tan bien que la inspiración podría llegar a pasar desapercibido, e incluso irreconocible, para aquellos que no conocen esta zona del país si no fuera por su carta de platos gallegos. Sutil, elegante y con personalidad serían buenos adjetivos para definirlo.
El espacio se divide en tres zonas: la barra, la zona lounge y el restaurante en sí. Los dos primeros están en la planta baja junto con un patio de luces que funciona como jardín del restaurante. El comedor está situado en la primera planta.
La identidad de Foxos de Llúria se divisa desde la calle ya que su espectacular fachada acristalada ofrece vistas totales del interior. Sólo una estantería vertical junto al acceso proporciona cierto grado de intimidad porque consiste simplemente en varias barras metálicas que soportan botellas de vino.
Por cierto, la propia fachada sirve de terraza ya que el escalón de acceso se transforma en un banco donde poder tomar una copa.
Pero la auténtica tarjeta de presentación del local es la barra del bar. Como si de un puzzle de cubos de madera se tratara, esta zona busca reminiscencias de lo que podría ser una pequeña aldea de la zona de las Rias Baixas. “Áspero tal vez icónico”, apunta Carlos Martínez.
Dos barriles de acero inoxidable de cerveza colgadas en el techo desvían la mirada del usuario hacia esta zona, donde se sirven tapas variadas, licores y vinos.
Delante de la barra está el lounge un espacio más desenfadado que en el comedor de arriba formado por un conjunto de sofás y mesas de tape,. Aquí la idea era proporcionar el confort, la intimidad y la sencillez de una casa humilde. Para ello se ha buscado una estética “rozando el estilo vintage” con bombillas de filamento colgadas y una tapicería muy cálida.
El pequeño jardín es, por supuesto, una oda al campo gallego: elementos de trabajo de la tierra, ruedas, hachas, etc.
El comedor, por su parte, es la parte que aporta el aspecto más industrial. En concreto se inspira en los típicos almacenes gallegos. Esto es: paredes vestidas con estanterías de hierro “con acabados bastos” y divididas en columnas iluminadas encerradas por una rejilla “o deployé que hace más obvio el concepto industrial”, puntualiza el estudio.
Las estanterías no son un mero elemento decorativo para crear el concepto industrial sino que sirven como vitrinas con género del que el camarero puede hacer uso para servir al comensal.
En esta parte del local la iluminación juega un papel muy importante porque es el elemento que aporta definitivamente el carácter actual.
Los focos del techo intensifican las mesas y las estanterías, lo que contribuye a una estética más contemporánea que la rusticidad que puedan otorgar la madera del mobiliario y el suelo. Por otra parte, el juego de luces y espejos (que también se ve en la zona del lounge) crea un ambiente de lujo con sus tonos dorados.

Para más información visiten: Foxos de LlúriaCarlos Martínez Interiors
Vía: diarioDESIGN