viernes, 26 de septiembre de 2014

El hotel Molitor, un viaje en el tiempo por el París del siglo XX.

Desde su época Art Decó a la actualidad pasando por el arte callejero. Jean-Philippe Nuel ha conjugado el anteayer, ayer y hoy del Hotel Molitor en un ejercicio que une mobiliario vintage, grafitis, y piezas contemporánes a lo largo y ancho de todo el establecimiento.
El viaje en el tiempo se realiza a través de sus espacios públicos y privados. Y si bien en algunas zonas prevalece un periodo, al final acaba mezclando las tres fases bajo el mismo techo. Algunos espacios del hotel han pasado por esas tres fases y por tanto es lógico que ahora quiera guardar un poco de cada época.
La piscina es el mejor ejemplo. Se construyó después de la postguerra y fue el sitio donde la alta sociedad acudió para ver y dejarse ver durante 60 años. Cuando el edificio cerró y quedó abandonado durante veinte años, convirtiéndose en el sitio preferido de los grafiteros parisinos.
El espíritu del hotel es puramente urbano. Y aunque albergue un hotel en su interior, el Molitor es un espacio de expresión artística.
Cuando Nuel se puso manos a la obra para su rediseño lo primero que hizo fue seleccionar qué elementos mantenía. Se quedaron, por supuesto, los exteriores del edificio, el techo del restaurante y las taquillas del gimnasio, pues los tres fueron sus particulares musas de la inspiración.

A la restauración de estos y otros elementos le siguió la creación de los nuevos espacios, que no siempre coinciden con los anteriores.
El viaje tampoco es estrictamente cronológico si seguimos la distribución del hotel. El lobby, por ejemplo, que es el primer espacio que vamos al entrar sería uno de los que corresponden a la época más grafitera.
Destaca por su forma triangular y sobre todo por el Rolls Royce customizado por JonOne, pero está lleno de mezclas y por tanto de contrastes estilísticos: los escritorios a semejanza de los pastilleros de los años 30, el taquillero de acero inoxidable altamente pulido, los espejos que cuelgan del techo y las cortinas, que aportan una suavidad muy diferente al espíritu urbano que busca el lobby.
El restaurante, por su parte, es uno de los espacios donde podemos ver más Art Decó, sobretodo en el techo, si bien ha sido concebido como el sitio donde convergen todos los estilos. Y aunque es el lugar donde el huésped acude a comer, es también una galería de arte donde contemplar las grandes fotografías de Thomas Jorion.
El spa y gimnasio, en cambio, es la parte más moderna, aunque por supuesto también cuenta con elementos originales, en particular mobiliario vintage y aparatos de gimnasio antiguos.
Los pasillos dan un salto en el tiempo y se van directamente a la época del esplendor de la vieja piscina a través de fotografías en blanco y negro de sus días de gloria. Las del tercer piso, por cierto, pueden contemplarse desde el exterior gracias a la fachada acristalada.
Las habitaciones, como buen lugar para descansar, se alejan del bullicio urbano. Aquí se quiere ofrecer tranquilidad. Ello, eso sí, no está reñido con la originalidad y presentan como singularidad que las camas estén ubicadas en un ángulo de la habitación – en lugar del centro – para desmarcarse de los hoteles convencionales.
Por último, destacar las sillas que Nuel ha diseñado expresamente para el proyecto. Tienen mucha personalidad. Tratan de evocar el mobiliario de los años 40 y el trabajo de los luthiers. El objetivo, plasmar el savoir-faire que siempre ha distinguido a los franceses. Oh oui!

Para más información visiten: MolitorJean Philippe NuelJonone
Vía: diarioDESIGN