viernes, 23 de mayo de 2014

Cabeceros

En cada habitación de nuestra casa hay un mueble que marca el estilo dominante. En el caso del dormitorio, es el cabecero el que condiciona en parte el resto de la decoración.  Su ubicación nos permite marcar cual es  la pared principal del dormitorio, y enmarcar la que será la zona central del espacio.


TIPOS
El cabecero se coloca en la parte superior de la cama de forma paralela a la pared, y sirve tanto como elemento decorativo como protector de la pared. Pero además puede formar parte de una composición, tratarse de un elemento exento, o incluso estar ausente y presente a la vez.
El cabecero puede formar parte de la cama, y estar unido a la bancada y el piecero formando una única pieza.
Puede ser un elemento exento, colgado directamente sobre la pared a modo de cuadro, o apoyado  sobre el suelo.
La ausencia de cabecero también es una opción. Un cuadro, un vinilo, un biombo o cualquier otro elemento decorativo puede cumplir esta función siempre y cuando la estética no acuse recibo.
MATERIALES
El material en el que esté realizado el cabecero es en muchas ocasiones determinante para definir el estilo de un ambiente. Pero además, un mismo tipo de material puede presentarse de muchas maneras y cada una de ellas trasmitirnos sensaciones muy diferentes. Es el caso por ejemplo, de los tejidos.
Los cabeceros tapizados suelen ser los idóneos para conseguir habitaciones de estética romántica y femenina, pero también retro. En función del tipo de tapizado y del tejido utilizado conseguiremos acercarnos más al primer o segundo tipo. Por su parte, la piel resulta más fría que cualquier otro tejido, y un cierto grosor en el relleno aportará una sensación envolvente.
Encontramos cabeceros realizados a partir de cañas de bambú, rafia, sisal, algas, maderas exóticas, cuerdas tejidas, mimbre… Son cabeceros especialmente adecuados para dormitorios de estilo rústico o colonial, o segundas viviendas en el campo o en la playa.
Los cabeceros más clásicos suelen estar realizados en madera, en ocasiones combinada con algún tipo de tapicería, pero que deja perfectamente a la vista la recargada moldura que rodea el cabecero
En los dormitorios más actuales, el vidrio y el metacrilato son una acertada opción, que aporta ligereza y brillo al espacio.
La forja siempre se ha asociado a dormitorios de estilo clásico o provenzal, pero la realidad es que hoy en día se presenta en dormitorios modernos y juveniles y con unos diseños que no dejan indiferente a nadie.
ESTILOS
Sobre el cabecero recae la gran responsabilidad de aportarnos toda la información acerca de la estancia, por eso el diseño de esta pieza dentro de la misma tiene una importancia muy superior a la del resto de elementos decorativos.
En dormitorios de estética clásica, los cabeceros suelen ser redondeados, ribeteados con molduras curvadas, y más altos en el centro que en los laterales. Suelen destacar por la riqueza de su decoración y por la simetría de las formas. La  madera es el principal material en que se realizan este tipo de cabeceros, y el acabado determinará el enfoque del estilo. Los barnizados suelen responder a estéticas más sofisticadas, mientras que los decapados acentúan el estilo provenzal.
En ambientes modernos, se impone la horizontalidad, las líneas puras y rectas. El cabecero se extralimita a las dimensiones de la cama, ocupando también la longitud de las mesitas. Su altura pierde centímetros a favor de la anchura, y en ocasiones suelen llevar baldas o luces incorporadas creando diseños muy originales.
Cuando buscamos un dormitorio colonial, la fuerza del cabecero suele residir en los materiales con los que está confeccionado, pero su diseño no suele dejar indiferente a nadie, ya que suelen caracterizarse por un grosor y un tamaño mayor que el de los cabeceros realizados en otros materiales y para otros estilos.
En la última década está cobrando cada vez más fuerza la decoración oriental, y en este estilo predomina, sobre todo, la altura exagerada del cabecero, que llega incluso a besar el techo de la estancia,  y la multitud de colores empleada en su decoración.
 DISPOSICIÓN
Además de estilos, formas y materiales, la colocación del cabecero respecto a la cama y demás elementos ubicados en la pared principal, también puede llevarse a cabo de muchas formas, unas más adecuadas que otras para según qué estilos.
El cabecero tal y como se concibe, se sitúa en la parte superior de la cama, ocupando la parte de la pared que queda entre las dos mesillas de noche, y elevándose unos 70 cm sobre el nivel del colchón. Es una colocación tradicional y formal, la opción más adecuada para dormitorios de estética clásica.
El cabecero corrido es aquel que ocupa todo el frontal del dormitorio, la cama y las dos mesitas, e incluso el de algún otro mueble en caso de que exista. En este caso suele tratarse de cabeceros no excesivamente altos, que fomentan la horizontalidad de la habitación. Es una opción muy utilizada en dormitorios contemporáneos y sobre todo en habitaciones grandes.
En ocasiones puede presentarse desplazado, ocupando la parte central y una de las mesitas, lo que descentra el cuadro estético, aportando dinamismo y movimiento. Esta colocación es habitual en los dormitorios más vanguardistas, que buscan otras sensaciones estéticas, mucho menos estáticas.
El cabecero centrado que se eleva hasta la altura del techo es hoy en día una opción más, utilizado especialmente en decoraciones temáticas o inspiradas en otras culturas.
RECOMENDACIONES
El problema del espacio es el más común, y en ocasiones por poco grosor que tenga un cabecero, puede ser excesivo para una habitación. En estos casos, la sustitución del cabecero por otro elemento decorativo, como un vinilo o pintura, puede ser la solución perfecta, para mantener una estética atractiva sin renunciar a ningún centímetro.
En viviendas de estilo mediterráneo o ibicenco, los dormitorios no suelen contar con un cabecero exento, sino que éste es un saliente realizado en obra, que forma parte de la habitación principal.
Independientemente de estilos y gustos, cualquier cabecero para que resulte estético, debe guardar unas proporciones entre anchura y altura, y no debemos concebir de igual forma el cabecero de una cama de 90cm de ancho, y el de una cama de 150cm, cuya anchura nos permite una altura mayor.
Los cabeceros que solo ocupan el ancho de la cama, deben tener una medida ligeramente superior a la del colchón. Si éste mide 150cm de ancho, el cabecero deberá alcanzar 160 ó 165, ya que al vestir la cama, la sensación óptica sumará centímetros a la anchura del colchón en crudo.
En habitaciones infantiles, los cabeceros tapizados pueden ser una solución idónea para evitar chichones, y además podemos buscar la coordinación con el resto de tejidos, para conseguir un ambiente completamente armónico.
En habitaciones juveniles en las que las camas no van a poyadas a la pared por la parte superior, sino por uno de los laterales, como es el caso de las camas nido, es preferible colocar ese elemento cabecero en el lateral para enmarcar la cama y centrarla en el espacio.
Vía: Deco Estilo