martes, 2 de mayo de 2017

9 módulos habitacionales en el centro de Barcelona.

El diseñador Tomás López Amat es el autor, junto al arquitecto Gorka Marcuerquiaga, de esta rehabilitación. Un proyecto que transforma la que era una antigua planta de oficinas del Ensanche Derecho de la Ciudad Condal en un pequeño aparthotel de 450 metros cuadrados y nueve apartamentos.
La gran calidad de los espacios y acabados interiores de la finca, con origen en el siglo XIX, y la premisa de reducir los costes al mínimo, hizo que la intervención se centrara casi exclusivamente en retirar los elementos añadidos, devolviendo a sus estancias su aspecto y dignidad original.
El nuevo programa se superpone a los espacios preexistentes, tratando de no alterar las estancias más nobles de la casa. Las cocinas y baños de cada uno de los apartamentos se plantean como grandes elementos de mobiliario que respetan y permiten seguir leyendo la configuración del edificio original.
Respetando y conservando los suelos y techos existentes, la intervención dota de autonomía a estas nuevas piezas, que se presentan como artefactos o microarquitecturas que habitan el antiguo edificio, habilitándolo para un nuevo uso. Con todos los servicios alojados en su interior, éstas aportan la necesaria escala doméstica, generando interesantes y cambiantes experiencias espaciales.
Diseñados a medida, los nueve módulos surgen de las necesidades específicas de cada uno de los nueve apartamentos. Una nueva distribución de espacios y usos, para la que se emplea un solo material: el tablero contrachapado de espruz de baja densidad, utilizado normalmente en el embalaje y transporte de maquinaria industrial.

“La serie Stacked Hotel Room, de los artistas Adam Dade y Sonya Hanney, ejemplifica esta voluntad de diálogo entre el marco espacial y los nuevos módulos dotacionales que tienen en la estrategia de la compacidad su principal aliado para obtener la deseada autonomía” señalan los autores de la intervención.
A nivel cromático, el proyecto apuesta por una muy discreta puesta en escena, con el gris piedra dominando paredes, techos y textiles. Una base uniforme sobre la que destacan la calidez de la madera de espruz y el pavimento de baldosa hidráulica original, recuperado a través de un proceso de pulido y encerado.
Junto al cuidado diseño de iluminación, que combina la luz LED con la lámpara Funiculi y el aplique espejito –ambos de Marset–, se ha optado por dotar de fuerte identidad a las instalaciones. Un anillo de bandeja ‘deployé’ recorre todas las zonas comunes, dotando de ritmo las zonas de circulación y transformando las normalmente ocultas tripas tecnológicas en un elemento cualificador y caracterizador del nuevo espacio.
Fotografía: José Hevia
Vía: diarioDESIGN