sábado, 14 de julio de 2018

Agüita, un almacén donde el agua se convierte en vino.

Frescura, mucha frescura. Es lo que desprende este antiguo almacén de Barcelona renovado por Rodrigo Izquierdo en un rincón del barrio del Born donde disfrutar del culto al vino. Que la palabra Agüita no les confunda.
Pero lo cierto es que parte de esa sensación de frescor la proporcionan elementos de interiorismo relacionados con el agua.
Colores turquesa, esmeraldas y verde musgo marcan un espacio dedicado a los tintos, rosados y blancos.
Aunque antes de proseguir con el interiorismo, empecemos contando que Agüita es también un lugar donde disfrutar de la arquitectura tradicional del barrio, marcada por los ladrillos a la vista, los techos abovedados y los arcos de piedra.
Rodrigo Izquierdo, curtido en los estudios de Sandra Tarruella y Patricia Urquiola, ha recuperado estos elementos originales – junto con el pavimento y las paredes – añadiendo al espacio un cierto ambiento de antigua bodega.
Agüita es un local para comprar, catar y tomar vino. Por ello la planta se distribuye en diversas salas anexas alrededor de un cuerpo central que se lleva todo el protagonismo.
El interiorismo, por su parte, aporta el toque fresco y contemporáneo, creándose un contraste entre lo nuevo y lo antiguo. Este contraste se materializa sobre todo a través de los acabados. De la textura, en concreto. Por una parte, las superficies mates de las paredes y el techo; por otra, los lacados brillantes del mobiliario.
La mesa central es la pieza principal. Las baldosas blancas y geométricas de la superficie son uno de los elementos principales que otorgan luminosidad y frescor al espacio. Diseñada por el mismo Izquierdo, se remata con unas patas a partir de planchas perforadas en forma de malla.
Los taburetes, también obra del diseñador junto con la lámpara principal – están hechos de madera lacada. Éstos, por cierto, representan el mundo del vino al intentar evocar los tapones de las botellas.
La lámpara, por su parte, simboliza las moléculas del vino a través de una estructura suspendida de la que cuelgan esferas de luz.
Sobre la iluminación, cabe comentar que al resplandor que entra por el ventanal se unen otros recursos como la iluminación indirecta detrás de las estanterías, que otorga luminosidad a las vasijas de cristal que decoran el último estante.
La paleta cromática también aspira a aportar claridad. Al blanco de la mesa y a la luz hay que añadir los tonos claros de la madera de las estanterías y, como ya hemos comentado, los verdes de la mesa, las sillas, los taburetes, la cortina y las plantas. Éstas últimas introducen, además, la naturaleza en el interior, lo cual junto a los ‘colores del agua’ ayuda a configurar dicho ambiente de frescor.

Para más información visiten: Rodrigo Izquierdo
Vía: diarioDESIGN