
Cuando afrontamos el diseño de un baño podemos tomar decisiones respecto al modelo de inodoro, la grifería, el alicatado de las paredes o sobre si preferimos instalar ducha o bañera, pero hasta hace poco más de una década el lavabo solía quedar relegado a la última de las decisiones.
Hasta entonces el lavabo se concebía en dos versiones: o bien encastrado en la encimera o bien exento como una sola pieza (el clásico lavabo con pie). Éstas de hecho son aún las dos clases de lavabos más frecuentes que podemos encontrar en la mayoría de hogares:
Lavabos exentos y encastrados


Este obstáculo lo paliaron los lavabos encastrados, que van “encajados” en la encimera sobre un mueble almacenaje que además de ocultar el sifón y las tuberías en su interior permiten el almacenaje de productos y objetos de higiene y aseo personal como toallas, cepillos, el secador, etc. Éstos últimos han proliferado mucho por su estética pero sobre todo por su funcionalidad, ya que el contar con una superficie de apoyo alrededor del lavabo a la hora de asearse o maquillarse supone un plus de comodidad. Además sus diseños son más versátiles que los anteriores, pudiendo elegir múltiples combinaciones tanto para el acabado del mueble inferior como de la encimera. En contra tienen su robustez y gran tamaño nada apropiados para baños pequeños,

Los lavabos sobre encimera no cuentan con una forma o estilo estandarizado lo que favorece la diversidad de diseños casi a gusto del consumidor pudiendo hacerse a medida o bien eligiendo modelos ya existentes en el mercado.
A la hora de decantarse por un lavabo sobre encimera hay que decidir sobre varios elementos:
1) La pila

2) La encimera

Además, también podemos elegir el grosor. Estéticamente si va sola quedará mejor gruesa; si lleva mueble debajo puede elegirse de un grosor más fino.

3) El mueble almacenaje
La opción de almacenaje inferior también puede elegirse en base a múltiples opciones: desde la más sencilla (una simple balda flotante) hasta una estructura de mueble con cajones a suelo, pasando por un segundo estante bajo en el que almacenar cajas, una cajonera exenta o bien pequeños cajones suspendidos.

Vía: Decofilia
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