lunes, 9 de abril de 2018

El ribete en la decoración de tapizados

Cuando nos planteamos comprar o retapizar un sofá, normalmente ponemos atención a la forma, al color del tapizado, a la textura, a la sentada… Sin embargo nunca reparamos en el ribete, un elemento que sin embargo puede usarse de infinitas posibilidades para añadir un punto especial a la decoración.
La mayoría de los asientos tapizados tienden a ocultar o minimizar la percepción del ribete para conseguir una mayor limpieza visual. Sin embargo, desde hace ya unos años el ribete ha tomado protagonismo a la hora de decorar todo tipo de piezas tapizadas, potenciando su marcado mediante el tipo de cosido o su color.
Podríamos decir que el ribete es al tapizado lo que la lechada al azulejo, pero del mismo modo que en su momento vimos cómo utilizando el contraste de la lechada podemos darle otro aire a nuestro baño, igualmente potenciando el contraste entre el color del ribete y el tapizado del sillón, podemos conseguir efectos decorativos de lo más curiosos. ¡Veamos cómo emplearlo!

1. Ribete negro

El ribete negro suele ir en tapizados de color muy claro para provocar contraste. Su máxima expresión la encontramos en sillas, sofás y sillones de color blanco, en los que aporta un toque contemporáneo y mitiga su excesiva luminosidad.

Es ideal para ambientes decorados en blanco y negro, para rejuvenecer estancias, ya que el ribete negro aporta un look “gráfico” que recuerda a un boceto dibujado a mano alzada) y para aquellas piezas en las que el blanco predomina en exceso pero uno no se atreve con el color.

Además del blanco y negro puro, el ribeteado en negro también se utiliza para combinarlo con el color presente en otros elementos de la estancia, como papeles pintados, cojines, pintura o complementos decorativos.
También podemos utilizar ribetes negros sobre tonos menos contrastados, como el gris o el beige. En este caso el efecto es menos marcado y para muchos “cansa menos”, pero resulta igualmente elegante.

2. Ribete blanco

El ribeteado en color blanco es uno de los más utilizados a la hora de tapizar todo tipo de asientos, ya que al ser un color neutro puede acompañar a todo tipo de tonalidades.

Eso sí, en caso de que esta sea su opción favorita, deberá tener cuidado con el tipo de tejido que utilice para el ribete, ya que al estar en contacto directo con la piel, con el tiempo puede ensuciarse y perder el efecto.

El ribete blanco lo encontrará tanto en contraste con colores oscuros como claros, y tanto en tonos pastel como en colores vivos. Veamos algunos ejemplos.

Ribete blanco sobre base oscura

Este tipo de ribeteado busca, al igual que en el caso anterior, un efecto muy marcado, pues se lleva el contraste a la máxima expresión. Suele ir en sofás y sillones negros y azules fundamentalmente.

El ribete blanco en este caso aporta dinamismo, un punto “cool” y un cierto aclaramiento de los tonos, así que si un sofá le resulta muy oscuro y quiere darle una nueva vida, no lo dude: opte por ribetearlo en blanco y verá qué diferencia.

Ribete blanco sobre grises medios

Nos referimos en este caso a la versión más clara de los grises, ya que en con el gris oscuro el efecto se asemeja al que acabamos de comentar.

En este caso, al estar menos contrastado, la sensación que provoca el ribete es más suave y delicada, añadiendo incluso un cierto toque femenino.

Ribete blanco sobre color

El ribete blanco aplicado a un tapizado de color, aporta un punto divertido, juvenil y alegre a la decoración. Es cierto que en este caso ya el propio color del tapizado transmite vitalidad, pero el ribete blanco en este caso la potencia.

En realidad, el efecto recuerda en cierto modo al del ribete negro pero mucho menos marcado, por lo que es ideal para aquellos que busquen este tipo de contraste pero tengan miedo a cansarse.
Lo habitual es encontrarlo en tonos suaves, como beiges y grises:
No obstante, también es posible utilizarlo con el blanco, en cuyo caso le da un aspecto marinero muy acorde con el estilo navy, ideal para casas costeras o con mar cerca.

4. Ribete de color contrastado

El ribeteado de un tapizado en color es una de las opciones más atrevidas y singulares a la hora de decorar tapizados, pudiendo dar rienda suelta a toda nuestra creatividad.

Puede ir sobre base clara u oscura, sobre colores claros o fuertes, y es especialmente adecuado para utilizarlo en piezas sueltas, como sillas, sillones, banquetas o pufs.
A la hora de aplicarlo, podemos optar por añadirlo a tapizados monocromos de color claro, como beiges, grises o blancos, en cuyo caso el ribete es el único punto de color de la pieza, ideal para combinarlo con cojines del mismo color o podemos optar por aplicarlo sobre tapizados de otro color, en cuyo caso complementa y anima el conjunto.
Naranjas, fucsias, turquesas… Al igual que sucede con los cojines, alfombras u otros elementos decorativos, la combinación de tonos depende de gustos: hay quien prefiere el contraste y quien prefiere la armonía.

No obstante un ribete de color no deja nunca indiferente, así que si es de los que busca originalidad y diversión para su casa, esta es su opción.

5. Ribete de la misma gama cromática

Es una opción más ligera y consiste en marcar el ribete con una tonalidad ligeramente superior a la del sofá o sillón. Ideal para aquellos que quieran darle un punto de color al sofá pero que no se atrevan a combinar distintos colores por miedo a cansarse.

6. Ribete del mismo color

Es la opción más sutil de todas y consiste simplemente en marcar el ribete, pero sin cambiar de tono ni de matiz. La idea en este caso no es poner el foco en el contraste de color sino en el marcado del ribete o de las costuras para que éstas destaquen y “redibujen” el sofá o sillón al que acompañen.

En fin, como ve, opciones para dar nuevos aires a sus sillones, sillas, banquetas o taburetes hay mil, así que si le apetece renovar su casa o si tiene que retapizar ese viejo sofá al que no sabe qué hacer para darle vida, piense en el ribete como una opción más para plantearse. ¡Solo le hace falta elegir el color!

Vía: Decofilia