lunes, 13 de febrero de 2017

Tipos de sillas de comedor para elegir la más adecuada

¿Qué hay más social que participar en una buena charla de sobremesa, arreglar el mundo o compartir confidencias? En el ámbito del hogar, todas estas cosas suelen hacerse entorno a una mesa, y como sentirse cómodos y relajados para que la conversación fluya es esencial, hoy nos centraremos en las sillas de comedor, un elemento que juega un papel crucial en cualquier hogar.
Ya hemos visto en alguna ocasión cómo en la decoración del comedor entran en juego varios elementos protagonistas, como las mesas de comedor o las múltiples opciones de almacenaje, para este área, como aparadores o vitrinas. Y sin embargo son las sillas el elemento más complejo a tener en cuenta, pues hay que tener en cuenta varios factores para elegir la más adecuada. De hecho, una mesa o un aparador pueden hasta comprarse por catálogo sin haberlas visto antes, pero ¿quién compraría unas sillas sin probarlas?
Para los que duden entre los pros y los contras de cada opción, vamos a tratar de desgranar todos los tipos de sillas de comedor para que elija la más adecuada sin equivocarse.

El material
A la hora de elegir el material del que estén compuestas, hay que valorar tanto la parte estética como la funcional.
A nivel estético, la idea es elegirlas del estilo que mejor vaya con nosotros y con la propia casa, ya que al tener una fuerte presencia visual (por la repetición) van a imprimir claramente el carácter del comedor o la cocina.
En este sentido, las sillas de maderas claras o materiales plásticos son muy propias del estilo nórdico, las de metal y cuero son idóneas para el estilo industrial y las de mimbre y ratán, perfectas para un estilo rustic chic o para comedores exteriores. Todas ellas son opciones informales y ligeras y encajan bien en la mayoría de hogares.
Por su parte, las sillas tapizadas son más propias tanto del estilo clásico (especialmente cuando llevan ribetes o tachuelas) como del contemporáneo (en textiles lisos sin estampar), y en general son más adecuadas para comedores elegantes o eventos especial es por su acolchado y delicados acabados.
A nivel funcional en cambio, las más cómodas son sin duda las tapizadas, precisamente por ese acolchado que llevan tanto en asiento como en respaldo que nos permiten amortiguar nuestro peso.
En este sentido, las de madera o metal pueden resultar algo duras con el paso de las horas, y con las de mimbre, especialmente en verano cuando llevamos pantalones cortos o minifalda, podemos acabar con la marca de las cuerdas en la parte posterior de las piernas.
Para mitigar este problema, en la mayoría de los casos se coloca un cojín de galleta (sí, se llama así, es ese cojincito plano que a veces nos encontramos sobre las sillas), o bien otras soluciones como piel de oveja. De esta forma se une funcionalidad y estética para no renunciar al estilo preferido

El respaldo
A nivel funcional, la altura del respaldo es algo que condiciona bastante a la hora de sentarnos a la mesa.
Para algunos un respaldo bajo puede ser incómodo (al igual que pasa con los sofás), prefiriendo un respaldo alto que nos recoja la espalda a la hora de comer o echarnos hacia atrás, por lo que suelen resultar más cómodas.
Sin embargo, estéticamente, las sillas de comedor con respaldo bajo proporcionan una mayor sensación de amplitud espacial.
A nivel estético, los respaldos altos son más propios de estilos clásicos y ambientes distinguidos, mientras que los bajos se adaptan tanto a ambientes tanto formales como informales.
Además de la altura, también habrá que tener muy en cuenta la forma y ergonomía del respaldo. De ahí que sea importante probarlas, ya que el cómo recojan la espalda resulta algo muy personal de cada uno. Aún así, en general, una buena silla deberá tener un respaldo que recoja bien los riñones. Además, es aconsejable que éste sea ligeramente flexible para que al reclinarse hacia atrás no nos encontremos con una superficie de dureza extrema.
Los respaldos “envolventes”, que en su zona inferior imitan y se adaptan a la curvatura del tronco, espalda y nalgas y en su zona superior cubren hasta los homoplatos, descendiendo hasta las brazoas (incorporados en la propia estructura), también suelen tener muy buena aceptación.

Los brazos
¿Y qué hay de los brazos? La elección de una silla de comedor con o sin brazos no es puramente estética. La forma y altura de la mesa, la de la propia silla o el protagonismo que queramos darle influirán entre optar por una u otra opción.
Las sillas sin brazos son más adecuadas para comidas y cenas cotidianas por su ligereza. Además, con ellas no hay problema de espacio, puesto que cuando no estamos comiendo caben perfectamente por debajo de la mesa y se las puede acercar hasta el borde.
Por su parte, las sillas con brazos resultan más cómodas y agradecidas para momentos de larga sobremesa, cuando uno ya ha terminado de comer y descansa y se recuesta en ella.
A nivel estético, elegirlas con o sin brazos resulta más una cuestión de preferencias, pues de ambas opciones encontramos estilos para todos los gustos.
Sí es cierto que las sillas con brazos imprimen un carácter algo más serio o sofisticado a una mesa de comedor, pero también depende del estilo de silla elegido.
Lo que sí suele funcionar muy bien en comedores de mesas largas es colocar sillas sin brazos en los frentes y el mismo modelo con brazos en los extremos, a modo de presidencia.
En cuanto a tipologías de brazos, podemos encontrarlas de muchos tipos:
a) Por un lado están las comentadas anteriormente: el brazo forma parte de la propia estructura de la silla, bajando en disminución desde la espalda. Así las podemos encontrar tanto en sillas de madera o mimbre, como en tapizadas, pero todas ellas suelen coincidir en su forma redondeada y su respaldo bajo.
b) Por otro lado están las sillas cuyos brazos también forman parte de la estructura pero en forma de ángulo recto. Suele ser característico en exclusiva de las sillas tapizadas.
c) Por supuesto, también encontramos la opción más común: aquella en la que la respaldo y asiento suelen ser de un material y los brazos y patas de otro, normalmente de madera o metal.
Es en este caso, al igual que en el inmediatamente anterior, donde debemos tener cuidado y comprobar que los brazos quedan por debajo de la mesa y nos permiten acercar a ella silla, pues de otro modo puede resultar muy incómodo. Para solucionar este problema, existen también los “semibrazos” o aquellos que no llegan hasta el final de la silla, sino que se quedan a la mitad. Lo justo para poder apoyar los antebrazos sin problema y acercarse a la mesa lo suficiente como para poder comer con comodidad.

Las patas
La elección de las patas de las sillas de comedor también resulta una cuestión tanto estética como práctica.
Por lo general nos dejamos llevar más por la primera, encandilándonos por la belleza de su diseño, lo que más tarde puede suponer encontramos con problemas de funcionalidad.
La clave para acertar es la combinación entre la sillas que hayamos elegido con las patas o soporte de la mesa de comedor. Cuando no cuidamos este aspecto buscando la compatibilidad entre mesa y sillas es frecuente sufrir tropiezos entre patas o que la sillas no entren bien dentro del espacio bajo la mesa que las contiene.
La forma más común es la de 4 patas partiendo de cada extremo del asiento
También son muy típica la forma de patín, en la que cada una de las dos patas forma una estructura única que parte de la zona delantera del asiento hacia la trasera.
Esta forma es especialmente característica de las patas de metal, por ser éste un material fácilmente moldeable, y suele aportar ligereza a la silla.
Por otro lado, podemos encontrar también el modelo de 3 ó 4 patas partiendo del centro hacia los extremos. Esta forma es típica de algunas de las sillas de estilo escandinavo más conocidas.
Por último, existen también las sillas de una sola pata. Con ellas no suele haber problemas de tropiezos con la pata de la mesa o con las de la silla contigua, pero a cambio necesitan una base de un tamaño considerable (normalmente circular) para poder aguantar el peso, lo que puede no resultar del gusto de todo el mundo.
Esta forma es típica de las sillas de materiales plásticos con aires sesenteros y suelen ser de dos tipos: o bien una base circular y una pata que sale del centro (como la silla Tulip) o bien como una sola estructura que sale del propio asiento y en el mismo material, como la silla Panton.
Como ven, existen tantos tipos de sillas de comedor como estilos y preferencias; simplemente hay que evaluar cada uno de sus componentes y por supuesto probarla. Y por si se quedó con ganas, nos despedimos con alguna muestra más de sillas de distintos estilos como inspiración.

Vía: Decofilia