El proyecto tiene, como no podría ser de otra manera, un marcado diseño nórdico, pero en este caso, matizado por la personalidad de la isla y que en esta nueva vivienda se traduce en 3.200 azulejos y la fuerte presencia del color turquesa.
La explicación se debe a que en el siglo XVI la isla acogió una escuela de navegación, propiciando que muchos de sus vecinos se convirtieran en navegantes. Sus viajes a regiones como Asia les pusieron en contacto con la cerámica, desarrollando a partir de entonces toda una cultura en torno a ello.
Pintadas con los tonos turquesa que distinguen al conjunto de las islas Frisias, eran un símbolo de riqueza y ostentación. Cuantos más azulejos en las paredes del salón, más ricos eran los dueños.
La madera de pino, el otro material estrella por estos lares, también solía ser pintada de estos tonos, un detalle que los arquitectos también han rescatado al emplear el turquesa para el interior de la habitaciones.
La reforma del granero ha implicado derribar todos los tabiques, excepto el que rodea el cuarto de baño, y añadir los volúmenes para las habitaciones. Éstas, por supuesto, también homenajean el estilo de las dormitorios tradiciones de la isla: pequeñas, oscuras, todas del mismo tamaño y con camas a modo de cajones.
El proyecto también incluye otros guiños marineros como la escalera, en la que 500 metros de cuerda de polipropileno (por supuesto de color turquesa) la enmarcan, conformando al mismo tiempo, un elemento moderno que rompe con la rusticidad del ambiente.
El apartamento, de líneas abuhardilladas al respetar la estructura de la casa, goza de luz natural gracias a las aperturas del granero. Una luz que aumenta por el efecto reflectante de los azulejos blancos y también por la madera de tonos claros.
Para más información visiten: Karin Matz Arkitekt, Francesco Di Gregorio
Vía: diarioDESIGN
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