lunes, 8 de mayo de 2017

Reubicar un famoso restaurante en Manhattan.

El famoso restaurador neoyorquino Danny Meyer confió en uno de sus clientes habituales, el arquitecto David Rockwell, el rediseño de su emblemático restaurante en Manhattan, el conocido Union Square Café, cuando decidió trasladarlo a una nueva ubicación. El USC estuvo situado 30 años en 21 East 16th Street, donde adquirió una gran reputación entre los vecinos del barrio por su comodidad, encanto y deliciosos platos preparados con ingredientes procedentes del vecino Union Square Greenmarket.
Además de mantener toda la magia del restaurante original, Meyer no quería perder esa proximidad al mercado, y para el nuevo emplazamiento miró más de 25 locales en el barrio antes de instalarse en East 19th Street y Park Avenue South.
David Rockwell fue cliente habitual del primer USC durante el periodo que tuvo sus oficinas en esa zona, siempre con mesa propia. Posteriormente diseñó para el grupo uno de sus trece restaurantes: el restaurante Maialino en el Gramercy Park Hotel.

El original Union Square Café tenía un diseño informal e incluso ciertas incomodidades que conquistaban a sus clientes. El servicio y la gente definieron su hospitalidad. Meyer decoró las paredes con su colección de arte estadounidense y el restaurante tenía un ambiente sencillo, acogedor, de barrio, con una combinación de pequeñas estancias con techos bajos a diferentes niveles.
Al trasladarse a un nuevo local mucho más grande, Meyer quería preservar su familiaridad, su intimidad, su ADN, para los clientes antiguos, al tiempo que atraer a una nueva generación de comensales a un ambiente fresco y contemporáneo. El diseño del estudio The Rockwell Group extrajo lo mejor de la esencia del viejo y querido espacio, e inyectó nueva vida a través de un enfoque actual al nuevo hogar de USC.
Los clientes acceden ahora al establecimiento desde East 19th Street, produciéndose una transición más íntima y doméstica que desde la concurrida Park Avenue South. La marquesina roja original fue reinterpretada y se volvió a colocar en ella el icónico letrero de neón.
Los grandes ventanaless a doble altura de las dos fachadas del restaurante cuentan con un despiece en cuadrícula con vidrios traslúcidos rodeando a los transparentes, que enmarcan las vistas arquitectónicas. En la parte inferior, unas cortinillas proporcionan privacidad a las mesas con respecto al tráfico de la calle.
La entrada se produce a través de vestíbulo de metal y vidrio, con una puerta de escala residencial. Recibe a los clientes una espectacular barra de madera de caoba, que se incorpora intencionadamente en el bullicio del comedor.
Ambas zonas están iluminadas con diferentes modelos de lámparas suspendidas realizadas en cobre que establecen un diálogo entre ellas.
Una escalera de madera de cerezo, con barandillas de bronce y madera y una alfombra de sisal conduce a los espacios de comedor de nivel intermedio y divide visualmente la planta principal por la mitad, alojando junto a su cuerpo inferior otra barra para preparación de cafés y servicio.
El comedor principal se organiza en mesas de 2, 4, 5 y 6 comensales. El pavimento es de madera de cerezo de tablones anchos (una versión más moderna de los tablones estrechos del primer establecimiento), que se combina con las baldosas hidráulicas verdes y blancas que rodean el área de las barras, estableciendo también un guiño al USC primitivo.
El bar principal está así de integrado en la planta baja debido a que muchos clientes preferían cenar allí en el espacio antiguo. Inspirada también en la barra primitiva, la nueva incluye un revestimiento frontal de caoba, cerezo y nogal con remates de bronce antiguo y cuero verde, un color característico del restaurante anterior.
Las luminarias colgantes personalizadas se disponen escalonadas sobre el comedor principal, penden 9 pies (2,74 metros) para reducir visualmente el espacio a doble altura.
En el techo se han alternado paneles acústicos gris oscuro con vigas de color gris claro. Las paredes se han revestido de un yeso blanco brillante y madera pintada de verde.
Las obras de arte sigue siendo un elemento clave en el nuevo USC, la colección de Meyer – con obras de Frank Stella, Claes Oldenburg, Robert Kushner y Judy Rifka – ha sido recolocada y reformulada y se puede contemplar en todo el restaurante.
Se ha buscado que existiese una gran comunicación visual entre la entreplanta y el piso inferior. En este segundo nivel se ubican dos restaurantes de 16 y 54 plazas.
Un papel importante también desempeña la barra de esta planta, una pieza de 12 pies (3,65 m) proveniente del primer USC, con lámparas de cristal también originales. Este espacio cuenta con una cómoda bancada con mesas para comer, para que los asiduos de este establecimiento se vuelvan a sentir como en casa.
Las cocinas principales se encuentran en la planta baja y en el sótano, y son más amplias que las del primer USC., permitiendo a los chefs crear más platos. Una cocina en la mezzanina ayuda a garantizar que las comidas lleguen a la mesa a la temperatura perfecta para los comensales del comedor privado. El nuevo espacio también incluye una bodega de casi 200 m2, sala de champagne, y un cuarto para que de los turistas que visitan el restaurante dejen su equipaje.

El nuevo Union Square Café se complementa con Daily Provisions, un obsequio de Danny Meyer para el barrio, en el que se pueden adquirir pasteles, pan horneado, sándwiches y pollo asado. Se encuentra situado al este del restaurante en la calle 19, y se metamorfiza de panadería informal durante el día a animado bar por la noche.

Para más información visiten: Rockwell GroupUnion Square Cafe
Vía: diarioDESIGN