martes, 27 de diciembre de 2016

Un ático desde el que ver Copenhague.

Dos balcones, dos altillos, habitaciones separadas por ventanas, una vidriera… El hogar de esta familia danesa, situado en un ático, es todo menos convencional. Una distribución abierta con varios niveles donde la luz campa a sus anchas… y las dos niñas pequeñas también. De estilo ecléctico, la decoración mezcla los muebles de teca y maletas antiguas, con figuras de cerámica y piezas clásicas del diseño nórdico. “La mayoría se sorprende del tamaño del apartamento, porque parece más grande y espacioso que los 100 m² que tiene”, cuenta la periodista y fundadora de la web de ropa online Don’t Tell, Trine Lundager.

De un vistazo
Quién vive aquí: Trine Lundager, su marido Jakob y sus dos hijas, Svea y Vilde, de 10 y 6 años
Situación: Copenhague, Dinamarca
Superficie: 100 m²
“Hemos aprovechado cada rincón del apartamento”, cuenta Trine, periodista y escritora, también fundadora y co-propietaria de la tienda de ropa de mujer online Don’t Tell: “Todavía me sigue sorprendiendo cuando, estando en mi dormitorio, veo por debajo de mí la sala de estar”, explica sobre sus ratos de relax en uno de los altillos de la casa.
Fue en el año 2004, cuando la pareja se instaló en la 5ª planta de un edificio antiguo en la zona de Frederiksberg, en Copenhague, Dinamarca, con vistas a todos los tejados de la ciudad. Desde entonces, han cambiado muchas cosas en el apartamento.
Un ejemplo es el amplio balcón contiguo a la sala de estar que han construido. “El resto de apartamentos tienen ventanales, así que tuvimos que elevar el nivel de la ventana, para construir un balcón en la parte superior”, dice Trine. La solución para poder acceder al nuevo balcón fue hacer una discreta pero original escalera con rellano. De paso, gracias a las puertas correderas de cristal, la terraza sirve de espacio extra, ¡el hueco perfecto para que se sienten invitados en las fiestas!
Trine describe el estilo de su hogar como “colorido y con un cierto sentido del humor… pero sin pasarse”. La sensación que le queda a uno es que la decoración es muy, muy personal. “Son piezas de las que nos enamoramos al momento. Puede parecer que no combinan entre sí, pero siempre nos las arreglamos para que, en conjunto, funcionen”, reconoce Trine. Uno de sus trucos para lograrlo es repitiendo los mismos tonos y colores, como el morado oscuro y el verde menta.
“Adoro la madera de teca. La casa de mis abuelos estaba llena de muebles de teca, así que hay algo de nostalgia en esta pasión… Pero también es que me encanta la suavidad y redondez típica de los muebles hechos de este material. En realidad, es como si me pasara el día buscando piezas parecidas a las que tenían mis abuelos”, dice Trine.
La serie de siete sillas de Arne Jacobsen alrededor de la mesa de comedor las compraron por 50 coronas cada una (aprox. 7 euros), cuando el Ayuntamiento de Esbjerg, una ciudad danesa, renovara su mobiliario a principios de los años 90. “Los volvimos a tapizar en cuero negro. Hoy es bastante habitual ver este tipo de diseños, y hasta puede ser que ya estén algo pasados de moda… A mí me siguen gustando como el primer día: son cómodos, bonitos y sencillos”.
“La inspiración para decorar viene de sitios diferentes, y muchos nada tienen que ver con el diseño de interiores”, dice Trine, quien reconoce inspirarse en su trabajo seleccionando prendas y vendiendo ropa. “Probablemente tenga desarrollado un cierto sentido estético, lo que me lleva a preferir artículos y texturas divertidas. Me siento atraída por la belleza y me encantan las cosas bonitas. Me refiero a cosas que tengan encanto, personalidad y una historia detrás”.
Muchos de los artículos en el piso nos cuentan una historia. La silla del diseñador Ole Wanscher es un ejemplo. El marido de Trine, Jakob, pasó mucho tiempo buscándola. Finalmente, la encontró en DBA (la versión danesa de Ebay).
“Se la compramos a una chica a la que se le saltaban las lágrimas mientras la vendía –siempre había estado en su casa, pero ya no tenía espacio para ella. Es muy bonita: las formas, sus líneas y la madera. Me gustaría que, en el futuro, nuestros tesoros también signifiquen algo para alguien”, confiesa.
En medio de tantas reliquias familiares, gangas de rastros, baratijas de diseño y arte fotográfico aparecen, de repente, unas piezas únicas. Son las estatuillas de Trine, a las que da forma y color desde hace diez años en sus clases nocturnas de cerámica.
“Al principio, era algo que hacía para socializar con las amigas de mi madre, pero luego se convirtió en parte de mi rutina. Cada semana, paso 3 ó 4 horas embadurnando mis manos en la arcilla. Concentrada al ciento por cien, me siento y modelo. Me da energía”.
Las figuras de la imagen reciben en casa el nombre de “mis hombres”. Todas son diferentes del resto en sus gestos, actitudes. Según cuenta su autora, estos “hombres” van tomando forma y expresión mientras trabaja con ellos… No debe de andar desencaminada: desde la repisa de la sala de estar, irradian tanta personalidad que los invitados que vienen a casa se paran a mirarlos un buen rato.
“Siempre estoy tramando algo creativo. Hace aproximadamente 2 ó 3 años empecé a hacer pulseras, a mis amigas les gustaron… Así es como nació mi pequeña marca de joyería, Luna Blau. Hoy en día, vendo pulseras, anillos, cadenas y aretes. Hago todo a mano”, dice.
Dos balcones –uno a cada lado– inundan de luz el salón.
“Construimos el balcón pequeño cuando renovamos el tejado del edificio, hace unos años. En el balcón grande, el sol da desde la mañana hasta la tarde; en el pequeño, desde la tarde hasta la puesta del sol. Es fantástico”, dice Trine. Lo único que lamenta la pareja es que el balcón pequeño no llegue hasta la cocina. La idea se les ocurrió demasiado tarde…
Los armarios de la cocina son color negro brillante; una edición actualizada de Ikea, que Trine y Jakob compraron cuando se mudaron al piso, hace 12 años. “Tenemos que cambiarlos. Es, de hecho, el próximo proyecto”, dice sonriendo, con ilusión.
Cuando le preguntas a Trine Lundager por lo más característico de su hogar, lo primero que le viene a la cabeza son las paredes inclinadas.
“Nos obligan a ser creativos, especialmente cuando se trata de encontrar espacio para guardar cosas. Es un reto: no tenemos muchas paredes rectas para colocar estanterías o armarios”.
Trine ha encontrado una solución muy original –y decorativa– para resolver el problema de almacenamiento. “Metemos en maletas viejas todo lo que no necesitamos a diario, como la decoración de Navidad, ropa y juguetes usados. Se trata de apilar todo de una manera estratégica, con los objetos que más utilizamos –por ejemplo, la ropa de cama–, en la parte superior”.
De manera que encontrar maletas bonitas es casi un deporte para toda la familia: “Preferimos que tengan viajes a sus espaldas. Compramos la mayoría en DBA y encontramos algunas en una tienda retro en Frederiksberg”.
Las maletas se han convertido en un fetiche para Trine. “Tiene que ver con la historia que acarrean este tipo de objetos, la sensación de que han estado en lugares lejanos. Algunas se ven particularmente usadas y desgastadas por dentro. Es una solución ingeniosa para guardar cosas”.
En el estudio –que también sirve de armario–, hay un perchero para la ropa, que Trine construyó a partir de una rama del jardín de sus padres y algunas tiras de cuero.
“Me gustan los materiales naturales y este perchero da un toque personal a la habitación. Todo parece muy ordenado cuando cuelgas la ropa, como si el ambiente adquiriera un aire espectral, ¡especialmente de un perchero colgante!”.
Desde la oficina, unas escaleras suben hasta el dormitorio principal, en uno de los dos altillos que tiene la casa y que la familia aprovecha de la manera más eficiente posible.
“Los altillos son un espacio adicional para almacenamiento, para invitados… y para nosotros, claro. Son fundamentales cuando te empeñas en vivir en un apartamento de paredes inclinadas… y demasiado pequeño para una familia de cuatro miembros”, dice.
La luz de tres ventanas Velux ilumina la habitación, haciéndola más amplia y más acogedora que estos pocos metros cuadrados prometen en un principio.
“Estos altillos dan una ilusión de espacio extra, ya que pueden albergar camas, que ocuparían mucho espacio en otras habitaciones. También creo que dan encanto, al añadir un nivel de altura”.
Parece como si la antigua vidriera, entre el altillo del dormitorio y la sala de estar, siempre hubiera estado allí. Pero nada más lejos de la realidad: ¡la compraron hace muy poco por internet!
“Nunca estoy satisfecha con la cantidad de luz y de ventanas que tiene la casa. A menudo, mis ojos se pierden por el techo y las paredes de la casa en busca de un nuevo hueco por el que pueda entrar más luz”, dice Trine.
Además de iluminar el dormitorio y sala de estar –y de su papel decorativo, claro– esta ventana tiene, sí, una tercera función. “Es una forma de estar más cerca de nuestras hijas, que duermen en el otro extremo de la vivienda; cuando la ventana está abierta, podemos escucharlas”, dice Trine: “También se puede cerrar, cuando quieren jugar tranquilas”.
Originalmente, las dos habitaciones de las pequeñas eran un único hueco grande.
“Las chicas la compartieron durante más de cinco años; los últimos dos, durmieron en la misma cama. Les encantó y, por eso, nos parecía natural mantener este vínculo, a pesar de que ahora cada una tiene su propia habitación”, explica Trine acerca de sus hijas, Svea, de 10 y Vilde, de 6 años.
Con nueve pequeñas ventanas y la ayuda de un carpintero, construyeron una gran ventana, por la cual entra luz en las dos habitaciones. “Más adelante, quizás, pongamos una cortina para separar los espacios”, cuenta.
“Nos llevó tiempo encontrar una solución de almacenamiento que encajara bajo la cama más alta. Sólo serrando los pies de una cómoda de Ikea y quitándole la parte superior, fue posible”, explica.
“Svea eligió la habitación trasera, más pequeña y con las ventanas inclinadas. Creo que, inconscientemente, fue su elección para ganar privacidad: tiene que pasar por la habitación de Vilde para llegar a la suya, y no al revés”, dice la madre.
El papel floreado de color azul polvo, diseñado por Helene Blanche para Flügger.
El cuarto de baño es relativamente grande: no sólo cabe una ducha y un lavabo, también una lavadora y una secadora.
El balcón más grande del apartamento da a casi todas las torres de Copenhague: el Ayuntamiento, el palacio de Christiansborg, la Catedral de Nuestra Señora, Børsen, Rigshospitalet, La Iglesia de Mármol en Amalienborg y las torres de los jardines Tivoli. Estas vistas son una de las razones por las que Trine y Jakob no se imaginan viviendo en otro lugar.
“Esta casa es el reflejo de lo cabezotas que hemos sido insistiendo en vivir aquí… incluso sintiendo y comprobando que la casa se nos quedaba justa. Cuando las niñas eran pequeñas, nos planteamos mudarnos –estábamos hartos de subir cinco tramos de escaleras. Pero sobrevivimos a eso, y ahora estamos completamente decididos a vivir siempre aquí, no importa la edad que tengamos. He tenido esta sensación ya muchas veces”, dice Trine, sonriendo.
Los tres consejos de Trine para vivir en un ático:

Pensar de forma creativa. Gran cantidad de soluciones de almacenamiento que funcionan en apartamentos con paredes rectas –por ejemplo, armarios altos y estantes–, no sirven cuando una pared inclinada comienza un metro por encima del suelo. En su lugar, se pueden apilar viejas maletas debajo de la pared inclinada o encontrar un mueble bajo para la ropa de mesa o una cómoda, que por lo general son bastante profundas y ofrecen espacio.

Los techos altos son uno de los alicientes de vivir en un ático. Plantéate montar un altillo sobre algunas de las vigas. El espacio adicional que ganas va a merecerte la pena, ¡seguro!

Si tienes una pared inclinada hasta el mismo vértice superior del techo, utilízala. Coloca cuadros y fotos en las paredes; cuelga objetos por encima de la altura normal… Es genial cuando los ojos exploran la verticalidad de una casa en todas direcciones.

Vía: diarioDESIGN