miércoles, 21 de diciembre de 2016

Pelroig añade unas mechas naíf en su peluquero.

El peluquero de barrio se llama ahora Hair Salon si está ubicado en vecindario hípster. Y no vamos a cortarnos el pelo sino a disfrutar de una experiencia capilar. Su estética debe ser vintage, por supuesto, pero del bueno, es decir, recreado. Habrá quien las acuse de una cierta impostura pero lo cierto es que estos nuevos locales plantean un ejercicio de coherencia con lo que ofrecen. El diseño no se queda sólo en el corte. Pelroig, en el barrio de Gràcia de Barcelona, es una muestra.
Raúl y Noe son sus dueños. Les gustan los detalles, las plantas y, como buenos peluqueros, el color. O más bien, experimentar con los colores. Por ello han concebido su Hair Salon como un espacio donde el color, a través de una secuencia de cambios, magnifica los 65 metros de superficie y lo impregna de matices que configuran su personalidad.
Pelroig es pelirrojo en catalán, pero el estudio de Miriam Barrio ha usado una paleta de azules, grises y blancos. De este modo, por ejemplo, el pavimento continuo de color gris claro aporta aún más luminosidad. A destacar también la alfombra central de mosaicos geométricos y la combinación de azul claro e imitación de madera.
Podríamos decir que el espacio respira un ambiente algo decadente y con un toque naíf. Así lo atestiguan las instalaciones a la vista, la pintura antigua de las paredes – en contraste con el blanco impoluto nuevo – o los faroles de los tocadores, que se han realizado en metal galvanizado.
También se suma a ello el mobiliario realizado a medida con madera y otros elementos recuperados. A destacar la mesa de apoyo de los tocadores. Se trata de una viga antigua que muestra dos caras: la versión original, la cual cuenta su historia, y la versión azul como ejemplo de su poder de transformación.
Como en todo, la personalidad del lugar va más allá del color que luzca. En Pel Roig los detalles cuentan por igual. Lo vemos por ejemplo en la entrada y el salón del corte. En concreto en el globo blanco del techo, en el jardín vertical y en la espaldera metálica a modo de escalera. Ésta, por cierto, aparte de servir para el mantenimiento de las plantas, también podría usarse para realizar estiramientos en lugar de leer la revista de turno mientras esperamos. Al fin y al cabo, estamos en territorio hípster, no lo olvidemos.

Para más información visiten: PelroigMiriam Barrio
Vía: diarioDESIGN