jueves, 3 de noviembre de 2016

Una buhardilla que multiplica su espacio

Si lo que necesita es aclarar un espacio y liberar su distribución; si la penumbra de un patio no es suficiente para iluminar su pequeña vivienda, le mostramos este ejemplo de reforma de la mano del estudio de arquitectura Rue space, que consigue ampliar los espacios de esta reducida buhardilla de 51 m², redistribuyendo las estancias y cuidando los acabados para convertirla en un espacio de claridad y desahogo.
Fotografía: Olaia Olveira

El antes y después, la nueva percepción
Se trata de vivienda de esquema longitudinal, con extremos opuestos orientadas hacia la calle y el patio de manzana. Un estrecho patio de luces perfora el lateral de la vivienda ofreciendo una fuente adicional de luz natural. Lo que antes fuera un espacio excesivamente compartimentado y lúgubre, presenta ahora una estructura clara de estancias generosas, que organiza el espacio en zona de día y zona de noche a ambos lados de un paquete central donde se aloja el núcleo de escaleras de acceso, baño, y espacio de almacenamiento y distribución. Una disposición óptima que aprovecha al máximo los metros cuadrados disponibles y otorga independencia a ambos extremos de la casa.
El plano continuo, espacio global.
El espacio de día, orientado hacia la calle, aúna la cocina, el salón y el comedor en el mismo ámbito, eliminando barreras innecesarias y optimizando el volúmen disponible. La decisión de cubrir la totalidad de la superficie de suelo paredes y techo con el mismo laminado en tonos claros hace que el espacio crezca perceptivamente y multiplique los planos de reflexión de la luz, encendiendo la estancia. Este recubrimiento, que comienza siendo en un pavimento y se desdobla verticalmente por el plano de la pared hasta cubrir el falso techo, constituye un atrevido gesto que otorga a la vivienda un nuevo grado de originalidad. La pared opuesta a los lucernarios se termina con una superficie de espejo que duplica los puntos de luz y juega con la percepción del visitante.
Todo al blanco. La cocina se aloja en uno de los laterales del espacio principal, participando de la estancia y recibiendo luz directa de uno de los huecos abiertos al patio de luces. Se emplean armarios lacados en blanco y encimera de cuarzo sintético, combinados con un alicatado cerámico que obedece la norma estética de superficies totales, y se aplica tanto en suelos como en paredes y techo. Un pequeño nicho encendido donde la vista se pierde en esta agradable escala de bancos.
Transición de luces
El espacio de distribución resulta realmente impactante. Cubierto en su totalidad por un alicatado blanco de junta oscura, se convierte en una cuadrícula difusa, una caja de luz, que difumina los límites de planos y recibe claridad tanto de los huecos de fachada como de los focos instalados en un plano inferior. Las puertas se funden con el blanco general y los armarios son casi imperceptibles, únicamente visibles por los discretos tiradores metálicos. El espacio constituye una zona de transición, un eje de simetría virtual que organiza la vivienda en dos áreas enfrentadas, unidas por el mismo lenguaje formal.
Espacio de contemplación
El baño, un espacio de atmósfera casi mística que recibe luz cenital de un lucernario, se termina con el mismo alicatado blanco, jugando siempre con brillos y reflejos para transportar la luz por toda la estancia. La sencillez de líneas y brevedad de mobiliario dota al espacio de holgura y nitidez.
De letargo y claridad El dormitorio, situado en el extremo opuesto de la vivienda, se convierte en un reflejo del espacio principal. Los recursos y soluciones adoptadas en este último, se repiten aquí, consiguiendo el mismo efecto potenciador de la luz. La envolvente clara de suelo a techo y la amplia superficie de espejo que esconde el armario, reflejan la luz que atraviesa el lucernario y cae sobre las sábanas blancas. Un espacio apacible y comedido, donde nada interrumpe las horas de sueño.

Para más información visiten: RUE space
Vía: habitissimo