miércoles, 18 de mayo de 2016

Una casa de labranza gallega para las vacaciones.

Tras cinco años de búsqueda, Javier Requejo encontró por fin la segunda residencia que buscaba. Una casa donde uno viaja atrás en el tiempo y entra en contacto directo con la naturaleza, pues la construcción se halla limitando con un bosque en el que abundan corzos, jabalíes y todo tipo de animales silvestres. El interiorista rehabilitó la vivienda manteniendo su corte de antigua casa de labranza del siglo XIX, poniendo su sello personal en una decoración colorista de los interiores. 

De un vistazo
Quién vive aquí: Es la segunda residencia de la familia Requejo
Situación: Celanova, a 15 km de la ciudad de Ourense
Superficie: 500 metros cuadrados repartidos en dos edificios unidos a través de un patio
El interiorista Javier Requejo, de Oito Interiores, optó por rediseñar su segunda vivienda manteniendo el estilo rústico de esta antigua casa de labranza del siglo XIX, pero aligerando y alegrando los ambientes con toques de color y elementos de arte muy singulares, algunos obra de su hijo mayor.
Así, la entrada conserva las huellas del pasado de una típica casa de labranza de la zona, con un suelo muy sencillo a base de piezas en barro. Es este un guiño que se irá repitiendo en el interiorismo de toda la vivienda, pues la intención era recuperar la personalidad campestre tanto de la arquitectura original como de la decoración.
Una cristalera con cuarterones delimita la entrada del salón principal, situado al otro lado, protegiéndole además del exterior pero al mismo tiempo permitiendo aprovecharse de su luz y sus vistas.
La sala de estar principal presenta un ambiente alegre, teñido de colores llamativos como el rojo, el azul y el amarillo. Esta rica combinación de gamas cromáticas aporta una atmósfera dinámica y realmente acogedora. La calefacción en esta zona se basa en el uso de una estufa de pellets (una biomasa sólida a partir de serrín), un sistema ecológico y eficiente.
Este salón se obtuvo cubriendo el patio de la casa principal y pavimentando toda la planta baja con hormigón pulido. En este caso se sacrificó el suelo original, pero los muros de piedra ya se encargan de mantener la ambientación tradicional, al igual que las jambas y dinteles de las puertas.
El sofá, diseño de Isabel García Tapia, es el gran protagonista del ambiente, pintado en un verde menta y con tapicería floral. Va acompañado de una alfombra de esparto de Antonia Molina, empresa murciana especializada en tapices artesanales. La mesa de centro es un diseño propio de Oito Interiores realizado en 
chapa de acero.
“La iluminación natural en esta zona proviene de las ventanas originales de la casa, a las que se han añadido nuevos huecos, como un lucernario colocado en la cubierta del salón. La iluminación nocturna es tenue y se ha hecho mediante piezas decorativas, como por ejemplo unos apliques de cobre que elabora un artesano portugués”, detalla Javier.
En la cocina es donde más parece que el tiempo se ha detenido en el siglo XIX. Es el ambiente de decoración más puramente campestre, por su mobiliario de madera, su cocina de leña y unas puertas hechas a partir de antiguas contraventanas de la casa. Una mesa recuperada hace las veces de isla auxiliar para la preparación de los alimentos, que se restauró colocándole un sobre de mármol. “Hemos instalado una cocina de leña y otra eléctrica. Yo siempre que puedo guiso a leña, la cocción es más lenta pero se logran sabores insuperables”, confiesa Javier.
En el comedor, una imponente mesa de Becara, de pie robusto, se ha decapado para otorgarle un aire antiguo. Las sillas son todas recuperadas, tanto las de acabado en madera como las pintadas en amarillo limón.
La alacena se adquirió en Guadarte y la lámpara de techo en alambre es un diseño de Javier Requejo hijo, quien va dejando su impronta en la casa con bastante de su obra artística.
La gran altura del comedor permite albergar un altillo que, aparte de distribuidor, funciona como despacho o, si se prefiere, como tranquilo rincón de lectura. Las butacas vintage han sido tapizadas en un material plástico negro.
Respecto a las carpinterías de la casa, se tuvieron que cambiar todas debido a su mal estado. Para ello se mezclaron maderas procedentes de derribos en combinación con otras nuevas que proporcionaran un conveniente confort térmico.
En el dormitorio principal domina un sosegado azul en paredes y puertas, que junto al blanco ofrecen una atmósfera fresca y relajada. Materiales como los paneles de madera que revisten los muros y las colchas de punto son los encargados de arropar y ofrecer calidez. En la planta alta se han utilizado además como pavimento madera y moqueta natural de algas, en particular en los dormitorios. El contrapunto lo aporta la cama de herencia familiar en aluminio.
El espacio más singular de la casa, según el propio interiorista, es la galería, siempre luminosa y protegida, ubicada frente a un estanque natural en el que habitan infinidad de ranas y plantas acuáticas.
“El mayor reto que planteó la reforma fue buscar un aprovechamiento más óptimo de la luz solar, ya que la casa estaba orientada hacia el pueblo, es decir, al norte. Eso se consiguió con la construcción de una galería acristalada, que es la zona que más se utiliza tanto en invierno como en verano”, cuenta Javier.

Una estancia acristalada, con una fuente de zinc, diseño de Oito Interiores, en la que las plantas son las grandes protagonistas. Presentes hasta en rincones tan insospechados como en la lámpara de techo, confieren un aire bucólico, casi mágico, a este espacio.

Para más información visiten: Oito Interiores 
Vía: diarioDESIGN