jueves, 19 de mayo de 2016

Modernizando lo cañí. Hannover, la churrería new-retro de Orense.



Cuándo uno piensa en una churrería, tenemos tres modelos clásicos: la camioneta de venta ambulante (que nadie piense que los food trucks son un invento actual), una estrecha planta baja en una calle cualquiera o un establecimiento de toda la vida en la calle con más solera de una ciudad española. O sea, estética fritanga de feria o look clásico-decadente. ¿Pero puede existir una cuarta vía? ¿Se puede modernizar el concepto? Pues sí a partir de lo visto tras la remodelación de la Churrería Hannover, en Verín – Ourense.
La Churrería Hannover es uno de los establecimientos más populares de esta pequeña ciudad gallega. La clientela fija ya la tienen asegurada, pero sus dueños querían darle un aire más moderno, acorde con los tiempos y ganando de paso a esa clientela joven que todavía no ha descubierto el placer de un buen desayuno o merienda a base de porras y churros acompañados de una deliciosa bebida caliente.
Le confiaron el proyecto a los diseñadores Cristina López y Guillermo Insua, fundadores del estudio Unouno_arquitectura de interiores, y el resultado es justo lo que buscaban: un espacio fresco, joven y alegre que seguirá acogiendo al cliente de toda la vida y abrirá los ojos a los no-iniciados.
De cara a buscar un leitmotiv, los diseñadores se centraron en una característica de este local: sus clientes son madrugadores; de modo que era importante que el espacio fuese acogedor a primera hora de la mañana. Más teniendo en cuenta que el espacio a malas penas alcanza los 50 m2.
En cuanto al interiorismo, han optado por mezclar una clara tendencia retro. Las paredes se han revestido de vinilos de colores llamativos y motivos de efecto textil que evocan modas pasadas bajo una paleta cromática que juega con los azules, grises y mostazas.
No podía faltar el toque vintage: se aprecia en el suelo de gres porcelánico de Peronda, que imita a una madera gastada y muy destonificada. También en algún que otro aplique decorativo y, sobre todo en el mobiliario de Francisco Segarra – siempre tan conveniente para este objetivo: la Silla Doris en piel con asiento trenzado, la silla Petrona azul turquesa y el taburete Mendel con tachuelas cierran el círculo.
Por último, destacamos también las luminarias y la barra revestida con vinilo efecto ladrillo-metro. La decoración se completa con la madera nueva de las estanterías, mesas y la barra.
La carpintería de la fachada se restauró y se conservó tal y como estaba en su estado original. Por supuesto, con la imagen de un churros mojados en un chocolate caliente. ¿Nos vamos a desayunar a Verín?

Para más información visiten: Unouno Arquitectura de Interiores
Vía: diarioDESIGN