lunes, 18 de abril de 2016

Consejos para el riego eficiente en su jardín


Escoger las especies adecuadas según la cantidad de agua disponible en el jardín es básica, pero, además,saber regar es clave.

No siempre en jardinería el riego se realiza correctamente. Se suele pecar sobre todo por exceso, lo cual puede ser incluso más perjudicial que dejar que las plantas pasen un poco de sed, ya que un exceso de riego satura de agua los espacios libres en el suelo y las plantas mueren por asfixia radicular.

Una planta regada en exceso crece más descontrolada, desarrolla raíces ineficaces, es más sensible a ataques de hongos y plagas y además se acostumbra al agua y consumirá más agua de la necesaria.

Le damos consejos para optimizar el riego maximizando la belleza y salud de tu jardín:

¿Qué hora es mejor para regar?

Durante el verano debemos regar por la noche o a primera hora del día para que el agua no se pierda por evaporación, y evitamos quemar las hojas por el efecto lupa de los rayos de sol sobre las gotas. En invierno es mejor regar por la mañana.

¿Con qué frecuencia?

En jardines es mejor regar a fondo para que las raíces se extiendan hacia abajo buscando la humedad que guardan las capas de suelo más profundas, y las plantas sean capaces así de soportar mejor la sequía además de estar mejor ancladas y soportar mejor vientos y otras inclemencias. Si el riego se hace de forma ligera y con mayor frecuencia, las raíces tenderán a quedarse más cerca de la superficie y estarán más expuestas a la falta de agua. En cambio en macetas es mejor regar poco y frecuente para así asegurar un bulbo de humedad constante alrededor de las raíces.

¿Qué cantidad de agua?

Las plantas no se pueden regar de la misma manera en invierno que en verano, o en Galicia que en Andalucía, en un terreno arenoso que drena que en uno arcilloso que empapa. La estación del año, la pluviometría y las características del suelo son variables que debemos contemplar.

Si el suelo es arenoso la capacidad de retención de agua será menor, de modo que los riegos habrán de ser más frecuentes y abundantes. En cambio, si son arcillosos deberán ser menos generosos y mucho más espaciados.

Hay también que tener en cuenta que en las etapas de aclimatación (el primer año después de la plantación) se requiere un mayor aporte de agua. Posteriormente cuando la planta ya se ha ubicado y desarrollado el sistema radicular que les permite captar humedad del subsuelo, se puede bajar la cantidad de riego. En el caso de algunos árboles y zonas incluso dejar de regar.

Para ello lo mejor es dejarse aconsejar por un especialista sobre la cantidad de litros necesaria por planta o podemos hacer pruebas, por ejemplo las plantas pueden tolerar periodos más o menos largos sin ser regadas si se las va acostumbrando progresivamente.

¿A mano o a máquina?

Sin lugar a dudas, riego automático y por goteo. Son los sistemas más eficaces y eficientes para el consumo de agua, ya que riegan solo en la zona radicular. No compactan tanto el suelo como la aspersión, ni mojan el follaje, lo cual puede resultar muy pernicioso para muchas plantas mediterráneas.

Se puede usar microaspersión y goteo, o goteo enterrado o por exudación. Resulta muy eficaz instalar un sensor de lluvia en el sistema de riego automático para evitar regar cuando ha llovido o ya de más complejos combinados con sensores de humedad ambiental para determinar mejor la cantidad necesaria.

¿Qué tipo de agua?

El agua de lluvia es la más conveniente para las plantas, ya que está libre de cal y cloro. Se puede recoger en aljibes y cisternas como antiguamente. Otra buena opción es si se dispone de agua de pozo.

¿Qué tener en cuenta a la hora del diseño?

Crear alcorques excavando el suelo en torno al tronco de arbustos y árboles permitirá aprovechar mejor el agua de lluvia o si riega a manta.

Zonificar agrupando las plantas con las mismas necesidades de agua juntas

Crear pantallas que atajen el viento para evitar el efecto desecante que contribuye a la evaporación. Su acción se puede limitar mediante pantallas vegetales o artificiales y muros.

Acolchar la base de las plantas. El mulching limita la evaporación y favorece un mayor aprovechamiento del agua de riego (se calcula un ahorro de hasta el 40%). Al mismo tiempo evita que el suelo se compacte y frena el crecimiento de las malas hierbas. Se puede acolchar con grava o corteza de pino que, al ser orgánica, se descompone poco a poco y abona la tierra.

¿Qué tener en cuenta a la hora del mantenimiento?

Aportar compost de forma regular. Al mejorar la estructura del suelo, el abono orgánico compostado —mantillo, humus de lombriz, estiércol de caballo, compost vegetal— se facilita la circulación del agua, que sube por capilaridad desde las reservas más profundas.

Revisar periódicamente el filtro y el programador de riego ajustando frecuencias y cantidades, por la estacionalidad, o intentando reducir para ver cómo reaccionan las plantas. En el caso de programadores a pilas cambiarlas anualmente.

Vigilar la salud de las plantas. Que estén libres de hongos, plagas y enfermedades, y podar las partes secas o en mal estado.