jueves, 18 de noviembre de 2010

Shell Residence en Japón, una casa de ciencia ficción que supera el paisaje

Una estructura de hormigón con forma de cilindro curvado en medio de un húmedo bosque de la región de Karuizawa: podría parecer a primera vista un objeto aliénigena aterrizado por error y depositado extrañamente sobre el suelo de un frondoso bosque. El arquitecto Kotaro Ide de ARTechnic Japan ha querido construir una vivienda de concepción moderna que supere las incomodidades del riguroso clima del lugar y ofrezca confort a sus habitantes los fines de semana de descanso, en confianza de que la orgánica pero extraña estructura armonice con el paisaje tras el paso del tiempo.



Evitando la construcción tradicional de la zona, más conectada a la naturaleza a priori pero de rápido deterioro debido a las duras condiciones climáticas de la región, la Shell Residence se ha concebido precisamente como un cobijo seguro que debe proveer de refugio a sus habitantes, con un esfuerzo razonable de mantenimiento. Es más, la casa no quiere coexistir con la naturaleza: el poder de su estructura está precisamente en sobrepasarla, en hacerla perdurar en el húmedo y frío clima, aislando el espacio habitable de la naturaleza salvaje que lo rodea.


Las primeras casas de vacaciones de la región boscosa de Karuizawa (prefectura de Nagano) se basaron en las casas tradicionales de la zona. Los visitantes natiguamente pasaban aquí largas temporadas de descanso y un mantenimiento exigente era más que aceptable. Pero desde que los trenes de alta velocidad han acercado esta zona a Tokio, ahora a tan sólo 10 minutos de distancia, los desplazamientos de fin de semana han aumentado. En este nuevo contexto, los antiguos esfuerzos de largos mantenimientos se han hecho inabordables. Y una nueva arquitectura, con modernos equipos de calefacción y control de la humedad, se ha hecho necesaria. El hormigón, rechazado hasta ahora por los habitantes del lugar, es una nueva alternativa a considerar.


La casa Shell se ha construído alrededor de un gran abeto y su forma de J permite unos espacios interiores inundados de luz natural gracias al patio central en forma de anfiteatro que rodea el centenario árbol. Una terraza de tarima de madera se prolonga desde el interior y crea una zona exterior complementaria. La casa de ha elevado sobre el suelo 1,4 m. como recurso para el control de la humedad; estéticamente la vivienda parece así "aterrizada" en el increible bosque de coníferas. El muro curvado de hormigón va modificando su espesor alrededor de su forma cilíndrica: 350 mm. en las partes más planas y 750 mm. en las más curvadas le confieren aún más fuerza visual a la ya de por sí potente estructura.


En el interior, el suelo de madera de cerezo crea un cubículo en la parte baja de la construcción, donde se alberga la instalación de calefacción radiante. Sobre el parquet y en la parte más ancha del cilindro, se ha instalado todo el mobiliario de roble hecho a medida, en un suave y estético contraste con la madera rojiza del suelo. En el interior, las paredes se han dejado sin revestimiento alguno: al igual que en el exterior, el hormigón tratado potencia la fuerza de la estructura. La casa, que interiormente consta de dos plantas, distribuye las zonas públicas en la planta baja y los dormitorios en la zona superior.


Todo el mantenimiento se controla gracias a un sofisticado sistema domótico que gestiona los equipos eléctricos y mecánicos de manera centralizada, consiguiendo un riguroso control de la humedad, sistema anti-congelación, una calefacción eficiente y un aprovechamiento eficaz de la ventilación del aire, que hacen de esta casa un lugar confortable y cómodo para disfrutar los fines de semana.

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